SOBRE SOY LEYENDA, DE RICHARD MATHESON

SOBRE SOY LEYENDA,

DE RICHARD MATHESON

Una de las grandes virtudes de esta novela es su sencillez: aunque el argumento pueda parecernos complicado e increíble, está contado de forma directa, sin apenas florituras literarias. Esa característica permite que se lea con rapidez y que nos atrape desde la primera página.

Por otra parte, es evidente que la gran baza del libro se encuentra justamente en su trama: la historia del último hombre sobre la Tierra que sobrevive en un planeta poblado por seres infernales. Estos seres han sido infectados por una plaga cuyos síntomas les hacen parecer como vampiros. Ese hombre, Robert Neville, se debate entre una existencia ordenada en la que a menudo recuerda a su familia muerta mientras combate a los vampiros y una vida entregada al alcohol y a la desidia, para tratar de olvidar a sus seres queridos y a los que pueblan ese devastado mundo. Dicho así resulta un argumento casi ridículo, pero el autor consigue que nos metamos en la piel del personaje, nos identifiquemos con su sufrimiento e incluso entendamos que, poco a poco, ha perdido la sensibilidad de todo ser humano, pues se dedica a matar para sobrevivir.

La vida aislada ha hecho de Neville un hombre a ratos metódico y a ratos descuidado. Vive inmerso en el recuerdo de Virginia, su esposa, de su hija Kathy y de la gente que conocía en su ciudad, Los Ángeles. En esa soledad ha sabido sobrevivir e incluso se propone hallar respuestas al enigma de qué causó la enfermedad (la guerra bacteriológica de 1975) y cómo se transmite. Vive en su casa, trabaja de día, se defiende durante la noche. El autor consigue que experimentemos el miedo y la emoción ante las acometidas nocturnas de los vampiros. Y todo eso lo logra con pocos recursos narrativos: ese grito insistente de ‘¡Sal, Neville!’, pronunciado por su vecino, Ben Cortman, se vuelve inquietante, aunque al final, cuando describe la muerte de Cortman a manos de los asesinos de la nueva y violenta sociedad, casi sentimos lástima por él, como la siente el propio Robert Neville.

Dos episodios trastornan la “monótona y rutinaria” vida de Neville: el primero es la aparición del perro vagabundo y herido, cuya confianza trata de ganarse, para luego padecer una nueva frustración; el segundo es el descubrimiento de una mujer, Ruth, de la que al principio desconfía, por si estaba infectada, para confiar luego y, al fin, llevarse una nueva decepción. Ella es una espía, pero se enamoran y en una carta que le deja antes de marcharse le informa del surgimiento de la nueva sociedad y en la cual Neville ya no tiene cabida, porque se ha convertido en un ser mítico, aún más legendario que los propios vampiros vivientes. Al final, cuando estos le capturan para ejecutarlo, Ruth le habla de nuevo, y después de darse cuenta de la situación, acepta suicidarse. Por eso, su último pensamiento antes de morir es paradójico y trágico a la vez: “Soy leyenda”. En un mundo donde los seres humanos han dejado de existir en sociedad, cercado por los nuevos y terribles seres que habitan la Tierra, el último hombre vivo no puede ser para ellos más que una leyenda.

La novela toca temas tan interesantes como la soledad; la conducta del ser humano en una situación límite; la vida en un medio hostil; la deshumanización; las relaciones entre el yo y los otros, cuando el yo se ha vuelto un extraño para los otros y es discriminado por ser diferente (lo que, extrapolado, refleja el tema del racismo); la sensación de miedo, angustia, vacío, incomunicación… Todo eso y mucho más se halla presente en las perturbadoras páginas de Soy leyenda, de Richard Matheson, y su lectura, con ser desasosegante y pesimista, consigue interesarnos de principio a fin, porque no es un mero relato de ciencia-ficción, sino que, con el pretexto de su delirante trama, nos pone frente a problemas psicológicos, sociales y culturales de hondo calado. La lectura se disfruta mucho en ese nivel superficial de la historia, pero también en el nivel profundo, en el que el lector reflexiona sobre esos y otros temas, muchos de los cuales siguen estando de actualidad en el incomunicado mundo en que vivimos.

Agradezco a Enrique Mañero que me haya recomendado la lectura de esta novela. Siento no poder asistir a vuestras charlas sobre libros, pero ésta es una forma de contaros mis impresiones, por lo que os agradezco mucho que las atendáis y lamento no poder compartir las vuestras.

Un saludo, con todo mi afecto.

Francisco Javier Capitán Gómez
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